Bugatti cierra una era y abre otra. El Tourbillon sucede al Chiron con una receta que mezcla tradición y futuro: un V16 atmosférico de 8.3 litros acompañado de tres motores eléctricos para una potencia cercana a los 1.800 CV, sin un solo turbo.
Un corazón irrepetible
Mientras la industria reduce cilindros, Bugatti hace lo contrario: dieciséis cilindros en aspiración natural, un motor que sube de vueltas con una pureza mecánica casi extinta. Los tres motores eléctricos no están para disimular carencias, sino para añadir empuje instantáneo y respuesta inmediata.
Alta relojería sobre ruedas
Su nombre, tomado de la alta relojería, no es casualidad: cada detalle del Tourbillon es una pieza de ingeniería pensada para emocionar durante generaciones. El tablero, mecánico y analógico, parece salido de un taller de relojes suizos.
Es, sencillamente, arte que se conduce: un objeto diseñado no para una temporada, sino para trascender el tiempo, como las grandes complicaciones relojeras que lo inspiran.
