Durante años, hablar de autos eléctricos era hablar de autonomía y de modelos nuevos. Esa etapa terminó. La conversación de esta semana en la prensa especializada es otra: la red eléctrica y la infraestructura de carga se han convertido en el verdadero cuello de botella de la electromovilidad.
El freno ya no es el auto
Los analistas coinciden en que la oferta de vehículos eléctricos crece más rápido que los enchufes disponibles. A la falta de cargadores públicos se suma lo que algunos medios llaman la «hiperregulación»: trámites y normas que retrasan la instalación de puntos de carga y las mejoras de la red que los alimenta.
Latinoamérica entra al juego
Mientras tanto, la región gana protagonismo en el otro extremo de la cadena: varios polos industriales latinoamericanos se consolidan como centros de manufactura de vehículos eléctricos y de sus componentes, atrayendo inversión que antes se concentraba en Asia. Y la sobreoferta del gigantesco mercado chino está empujando los precios hacia abajo en todo el mundo.
Para el conductor de a pie, la conclusión es práctica: el mejor momento para pasarse al eléctrico ya no depende solo del precio del auto, sino de si su ciudad —y su casa— tienen dónde cargarlo. La electrificación entró en su fase adulta: la de la infraestructura.
Foto: Raimond Spekking / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
